Descripción:
Introducción: el parto pretérmino, definido como el nacimiento antes de las 37
semanas de gestación, afecta aproximadamente a 15 millones de neonatos al año en
el mundo y es la principal causa de mortalidad neonatal. El cerclaje cervical es una
intervención quirúrgica diseñada para dar soporte mecánico al cuello uterino
incompetente. Las herramientas actuales de estratificación de riesgo tienen
limitaciones críticas. Entre el 40% y el 50% de las pacientes que requieren un cerclaje
de emergencia carecen de antecedentes obstétricos previos. Identificar biomarcadores
moleculares capaces de detectar eventos fisiopatológicos tempranos disbiosis e
inflamación antes de que se produzca una remodelación cervical irreversible es un
factor clave para pasar de un enfoque reactivo a uno predictivo-preventivo.
Objetivo: determinar qué bacterias distintas a Lactobacillus spp. y qué marcadores
inflamatorios que se presentan de forma temprana en el embarazo se asocian al
requerimiento de cerclaje cervical.
Materiales y métodos: trabajo analítico y longitudinal basado en una cohorte
prospectiva multicéntrica de 133 mujeres embarazadas reclutadas en cinco hospitales
del Reino Unido entre febrero de 2016 y junio de 2018, con un total de 385 muestras
longitudinales. Se recolectaron muestras de fluido cervicovaginal en tres ventanas
gestacionales. La microbiota vaginal se caracterizó por secuenciación del gen 16S
rRNA en Illumina MiSeq. Las citocinas se cuantificaron con ensayos multiplex Luminex.
Para el análisis estadístico se utilizaron curvas ROC y coeficientes de correlación de
Spearman.
Resultados: en el periodo A, IL-1β demostró una capacidad predictiva significativa
para la necesidad de cerclaje (AUROC = 0.6270; p = 0.0145). L. crispatus mostró una
asociación significativa paradójica (AUROC = 0.6190; p = 0.0220), y se sumó IL-18
(AUROC = 0.6182; p = 0.0229). En el periodo B, IL-1β mantuvo su capacidad predictiva
(AUROC = 0.6257; p = 0.0131), y dos anaerobios disbióticos resultaron significativos,
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Peptoniphilus emergió como un predictor microbiológico significativo (AUROC =
0.6121; p = 0.0270), junto con Dialister spp. (AUROC = 0.6299; p = 0.0104). En el
periodo C, ninguna variable alcanzó significancia estadística, con valores de AUC
cercanos a 0.50. Las correlaciones entre los predictores fueron en su mayoría débiles,
salvo entre Dialister spp. y Peptoniphilus spp. en el periodo B, que se correlacionaron
de forma fuerte (ρ = 0.72).
Conclusiones: IL-1β posee una capacidad predictiva significativa y consistente en
ambos periodos. Peptoniphilus emerge como un predictor microbiológico significativo
en el periodo B. La independencia entre el eje inmunológico (IL-1β) y el microbiológico
respalda el desarrollo de modelos integrados que combinen información inmunológica,
microbiológica y clínica.