Descripción:
Los trastornos alimentarios son una preocupación de salud pública cada vez más significativa en los adolescentes de todo el mundo, impactando el desarrollo físico, emocional y social.
En este sentido, el estudio actual titulado Factores psicoemocionales relacionados a desórdenes alimenticios en adolescentes se llevó a cabo para determinar la relación entre estos factores y el riesgo de trastornos alimentarios en un subconjunto de estudiantes adolescentes de una escuela preparatoria.
La metodología involucró un diseño de investigación cuantitativa de alcance transversal y correlacional.
Se utilizó la escala EAT-26 (Test de Actitudes Alimentarias) entre 71 adolescentes; además de un cuestionario sociodemográfico y datos antropométricos como el índice de masa corporal (IMC), por ejemplo. Se utilizaron estadísticas descriptivas e inferenciales (chi-cuadrado, prueba t, ANOVA) para analizar los datos. La Teoría del Déficit de Autocuidado de Dorothea Orem se integró como marco teórico. Dos tercios de los participantes tenían un peso saludable, pero alrededor del 27% de los participantes fueron clasificados como con sobrepeso u obesidad, según informó el estudio.
La puntuación media del EAT-26 fue de 14.08 puntos, donde el 53.5% de los adolescentes tenía un riesgo moderado y el 15.5% un alto riesgo de trastornos alimentarios, sin diferencias estadísticamente significativas según la edad, el sexo o el IMC. Sin embargo, se detectó una relación clínicamente importante entre el riesgo alimentario y los componentes psicoemocionales analizados (baja autoestima, presión social, control de la imagen corporal). Los hallazgos apoyan nuestra suposición de que existen factores psicoemocionales en los adolescentes que contribuyen a la probabilidad de desarrollar trastornos alimentarios. Los déficits en el autocuidado desde el sentido de Orem en aspectos nutricionales, emocionales y sociales están presentes y, por lo tanto, se justifica la necesidad de incluir intervenciones educativas y preventivas en la enfermería pediátrica escolar. Se requieren más estudios longitudinales y cualitativos con un enfoque en la experiencia subjetiva de los adolescentes; y para evaluar los efectos de los programas de inteligencia emocional en la prevención de trastornos alimentarios.