Descripción:
Esta investigación visibiliza una de las deudas más dolorosas del Estado mexicano: el incumplimiento del mandato constitucional de obligatoriedad de la educación básica por parte del estado y la familia en sectores vulnerables. A través de un estudio de corte cualitativo, guiado por un enfoque fenomenológico, hermenéutico-interpretativo y estudio de caso, se exploraron las historias de vida de dos familias en situación de vulnerabilidad de la Sierra Norte de Puebla, cuyos hijos en edad escolar nunca han sido inscritos en una institución educativa. Dichas familias subsisten de la caridad, de la limosna, lo que evidencia no sólo carencias económicas, sino, una marginación que va más allá de lo material.
El objetivo central fue valorar cómo el Estado y la familia llevan a cabo el mandato constitucional de obligatoriedad de la educación básica, para comprender cómo afecta su incumplimiento al desarrollo de niños pertenecientes a grupos vulnerables. El trabajo de campo, centrado en la observación participante y en entrevistas a profundidad, permitió conocer las causas sociales y culturales de la no escolarización, así como las consecuencias inmediatas y a largo plazo de dicha omisión: violación de derechos humanos, normalización de la violencia, exclusión social, reproducción de la pobreza, trabajo infantil, y pérdida progresiva de la dignidad.
Los hallazgos muestran que el Estado mexicano mantiene una postura ambigua y deficiente frente a la obligatoriedad educativa, limitándose a redactar principios sin garantizar su cumplimiento, se centra en cuestiones de permanencia, dejando de lado la inserción, dando por hecho que todos son parte del sistema educativo. Asimismo, se constató que los padres no se oponen a la escolarización por negligencia, sino por una combinación de fatalismo, opresión, pobreza extrema, falta de documentación oficial y carencias múltiples. En este contexto, la educación deja de ser vista como un derecho y se percibe como una carga o incluso como un lujo.
Se concluye que el mandato de obligatoriedad no puede cumplirse si no se erradican las condiciones de pobreza, exclusión y abandono estatal. Pero también se afirma que, para transformar esta realidad, es indispensable que como sociedad aprendamos a vivir juntos, como lo plantean los pilares de la educación y así crear en conjunto una sociedad de progreso y convivencia colaborativa, velando por el bienestar propio y de los demás. El egoísmo y la envidia humana han conducido al acaparamiento de los bienes, la concentración del poder económico y la mercantilización del valor humano. En consecuencia, la dignidad ha sido desplazada por el capital. La única vía hacia una sociedad más justa y equitativa es una transformación ética y colectiva que elimine las condiciones de ricos y pobres y coloque nuevamente a la humanidad en el centro del desarrollo.